sábado, 25 de enero de 2014

Uno.

Tiene siempre esa mirada triste. Sus ojos azules se han tornado rojos y sus ojeras son tan profundas que no se ve el fondo. Su cara esta manchada de desilusiones, desengaños, dolor, angustia. Sus labios están secos y gastados de tanto articular. Y su garganta ya no emite sonido alguno. Es la viva imagen de la derrota. Del querer y no poder más. Del intentar ser fuerte y caer en la batalla. Rendirse y tirarlo todo por la borda. Pero siempre hay una esperanza. Hay que cambiar el título, no hay que rendirse. Nunca. La luz puede estar más cerca de lo que creemos. Algunos días son malos sí, pero no todos. Siempre hay alguno que luce. Hay que intentar mirar las cosas desde otra perspectiva. Salir del pozo, hallar la salida. Siempre hay esa chispa de luz que brilla dentro de tanta oscuridad. Búscala. Nunca se sabe lo que uno puede encontrar.


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